Los cuidados del recién nacido – Conociendo a tu bebé
Aspecto general
Los bebés al nacer tienen un aspecto característico, con la cabeza muy grande, en proporción al tamaño de su cuerpo, los brazos y piernas flexionados junto al cuerpo, y las manos con los puños cerrados.
Frecuentemente su piel tiene una coloración amarillenta, que puede durar hasta los 10 o 15 días de vida. Es un proceso transitorio y normal, más frecuente en los bebés prematuros y que siempre es recomendable que controle el pediatra.
Tienen los ojos de color azulado o grisáceo, tardando unos meses en adquirir el color definitivo y es normal que los crucen de vez en cuando (estrabismo intermitente).
Tamaño y peso
Al nacer (embarazo de 37 a 42 semanas), el bebé suele pesar de 2,5 a 4 kilos y medir de 48 a 52 centímetros. Es normal que pierda peso en los primeros días de vida y que recupere el peso que tenía al nacer a los 10 o 15 días de vida.
El ritmo de aumento de peso y de talla varía para cada bebé y deben ser valorados por el pediatra.
Generalmente se le pesa una vez a la semana durante el primer mes de vida.
Reflejos
Nacemos con reflejos necesarios para la supervivencia, especialmente para poder alimentarnos. Cabe destacar el reflejo de búsqueda, que sirve para buscar el pezón de la madre (al acercarle al recién nacido un objeto a la cara, mueve la cabeza y lo busca con la boca), el de succión (para poder mamar), el de deglución (para poder tragar la leche) y el de prensión (al ponerle un objeto en la mano, lo agarra fuertemente).
El sueño
Aunque cada bebé tiene su ritmo de sueño, durante las primeras semanas de vida, el bebé duerme casi todo el tiempo, aunque de forma intermitente. Los periodos de sueño suelen durar desde 1-2 horas hasta 4 o más horas, tanto durante el día como durante la noche. Poco a poco, irá aumentando el tiempo en que están despiertos durante el día y se harán más prolongados los periodos de sueño durante la noche.
Como el bebé al principio pasa mucho tiempo durmiendo o en la cuna tumbado boca arriba, es conveniente que cuando esté despierto lo cambiéis de postura poniéndolo acostado boca abajo, de lado o que lo cojáis, para favorecer sus movimientos y evitar aplanamientos de la parte posterior de la cabeza.
Para prevenir accidentes, como la muerte súbita, se recomienda acostar al bebé boca arriba, sin almohada ni objetos blandos en la cuna, en un colchón firme para que no se hunda y sin arroparle excesivamente.
Micción y deposiciones
Después de la primera micción en las primeras 24 horas, el recién nacido mojará el pañal unas 6 veces al día con orina clara e inodora.
Las cacas suelen ser negras y espesas (meconio) durante las primeras 24-48 horas. En los días siguientes se van haciendo verdes-amarillentas y menos pastosas, y al finalizar la primera semana de vida son amarillas. Su número puede variar desde una al día, hasta una después de cada toma. En los bebés que toman el pecho, suelen ser más blandas y más numerosas.
Llanto
Mediante el llanto el bebé expresa lo que le pasa (hambre, sueño, cansancio, incomodidad por estar con el pañal sucio, necesidad de compañía, etc.). Poco a poco, iréis conociendo cada vez mejor lo que le pasa cuando llora: es su modo de reclamar atención y cuidados.
Comprobareis si tiene hambre, si el pañal está limpio, si tiene frío o calor, o necesita que lo acunéis porque tiene sueño. Hay diversas formas de consolar a un bebé que llora: mecerlo en brazos, pasearlo, bañarlo y darle un masaje, hablarle o cantarle, crearle un ambiente tranquilo en penumbra y sin ruidos, etc. Buscad la forma de consolarlo con la que os sintáis más cómodos.
A veces el llanto puede ser provocado por gases o dolor cólico abdominal (inicio y finalización brusca del llanto, a veces con las piernas flexionadas sobre el abdomen que puede estar duro y distendido y los puños cerrados, con posible expulsión de gases).
Si el llanto es por enfermedad, irá acompañado de otros síntomas (fiebre, rechazo de alimentos, o su llanto no es como siempre). En esta situación, lo indicado es consultar con el pediatra. Es importante saber que si estáis nerviosos el bebé lo nota y se inquieta más. Si la situación os afecta en exceso, intentad calmaros (son útiles las respiraciones lentas y profundas como durante el parto) y, si os sentís sobrepasados, es el momento de pedir ayuda para que se haga cargo del bebé quién se encuentre menos tenso. Si no disponéis en ese momento de la ayuda de otra persona, y habéis comprobado que al bebé no le ocurre nada, es mejor dejarle llorar. Es importante evitar que la tensión os haga sacudir y agitar al bebé bruscamente, porque el zarandeo brusco puede producirle un daño cerebral importante. Tampoco hay que darle infusiones de plantas para calmarlo sin consultar con el pediatra, ya que algunas de ellas como el anís estrellado pueden tener componentes tóxicos.
Hipo y estornudos
En el recién nacido son normales el hipo y los estornudos y no requieren ningún tratamiento.
Expulsión de gases y regurgitaciones
Después de las tomas o cuando llora, el bebé ingiere aire que puede ocasionarle malestar. Para ayudarle a expulsarlo, después de cada toma podemos cogerlo y mantenerlo incorporado unos minutos hasta que eructe. A veces, al eructar, junto con el aire sale un poco de alimento. Estas regurgitaciones son normales y no tienen importancia.

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